Feliz cumpleaños Papá… Espero que no te deprimas como hacías cada año en tu día, y que no te enfades conmigo por estar llorando tanto y no dejar de pensarte. Tampoco lo hagas por envidiar a todos aquellos que creen en el cielo, porque ellos tienen esperanzas de volver a verte, y yo mantengo la idea de que nunca más volveré a verte sonreír. Estoy segura de que si los Soldevilla (y afiliados a la familia) siempre hemos llevado por bandera tus magníficos castigos, ahora no habrá ni uno solo, que en tu honor no los lleve a cabo cuando tenga hijos. Eres grande… Fuiste grande… Te quiero…
Hoy serían 54. Mañana serían 83... Pero no, no los cumpliréis… No os felicitaré, ni lo celebraremos juntos, ni os compraré un regalo, ni os haré una tarta, ni iremos a comer a un restaurante bueno como solíamos hacer… No haremos nada, porque ya no estáis aquí… Y os echo de menos, os echo terriblemente de menos, tanto que el dolor me oprime el pecho y hace que a menudo pierda el rumbo y no sepa cómo seguir, pero lo intento, poquito a poco lo intento y sé que lo conseguiré, que aunque el dolor y la ausencia permanezcan conmigo siempre, aprenderé a vivir con ello, porque es lo que se hace en estos casos, convivir… Sé que siempre estaréis conmigo y eso me ayuda, porque cuando se quiere a una persona, ésta pasa a integrarse en tu ser, pasa a ser parte de ti, y siempre está contigo allá donde vayas…
Estoy segura que no podría seguir adelante si no fuera por esas personas que consiguen que sonría, aunque sea por tonterías, a diario… Aunque en estos momentos es cuando más se aprecian las carencias, la falta de apoyo de los que pensabas tus amigos, también es cuando la gente que menos te esperabas más te demuestra… Y los hay, como ellos, que se comportan tal y como esperabas que lo hicieran, como tu familia, como tu mejor amiga… Os quiero, y ahora sé lo que me costaría seguir sin vosotros…