domingo, 10 de febrero de 2013

Los ojos amarillos de los cocodrilos. Deseo

"Ya había escrito antes. Guiones que quería rodar Lo había dejado todo cuando se casó con Philippe.
Si quisiera, podría volver a escribir... Si tuviese valor, claro. Porque hace falta valor para permanecer encerrada durante horas triturando palabras, dibujando patitas velludas o alas para que se echen a andar o a volar.
Philippe... Philippe, repitió estirando ampliamente una larga pierna bronceada mientras tintineaban los cubitos de su Whisky con Perrier, ¿para qué abandonarle?
¿Para meterme en esa estúpida carrera? ¿Para parecerme a esa pobre Bérengère que bosteza después de hacer el amor? ¡Ni hablar! Ahí no hay mas que llanto y rechinar de dientes. ¿Dónde están los hombres?, gritan las mujeres amotinadas. Ya no hay hombres. Ya no puede una enamorarse.
Iris se sabía de memoria su lamento.
O bien son guapos, viriles e infieles ¡y lloramos!
O bien son vanidosos, fatuos e impotentes ¡y lloramos!
O bien son cretinos, pegajosos e idiotas ¡y les hacemos llorar!
Y lloramos por quedarnos solas llorando.
Pero continúan buscándoles, siempre esperándoles. Hoy son las mujeres las que buscan a los hombres, son las mujeres las que los reclaman a voz en grito, son las mujeres las que están en celo. ¡Y no los hombres! Contratan agencias y rebuscan en Internet. Es la última moda. Yo no creo en Internet, creo en la vida, en la carne de la vida, creo en el deseo que arrastra la vida, y si el deseo se agota, es que ya no eres digna de él.
En otro tiempo amaba la vida. Antes de casarme con Philippe Dupin, había amado la vida con locura.
Y en esa vida anterior, había deseo, esa <<fuerza misteriosa que hay detrás de cada cosa>>. ¡Cómo le gustaban esas palabras de Alfred Musset! El deseo que hace que toda la superficie de la piel se alumbre y desee la superficie de otra piel de la que no se sabe nada. Antes de conocerse ya son íntimos. Ya no se puede vivir sin la mirada del otro, sin su sonrisa, sin su mano, sin sus labios. Se le seguiría al fin del mundo, mientras la razón dice: Pero ¿qué sabes tu de él? Nada, nada, ayer mismo no sabíamos ni su nombre. ¡Qué hermoso ardid inventado por la biología para el ser humano, que se creía tan fuerte! ¡Qué triunfo el de la piel sobre el cerebro! El deseo se infiltra en las neuronas y las embota. Nos encadenamos, nos privamos de la libertad. En la cama, en todo caso..."

Es curioso como un libro con un nombre estúpido puede hacerte sonreír... La facilidad de las palabras de otros para identificarse una misma... Me quedo con dos frases "Y lloramos por quedarnos solas llorando" y "El deseo se infiltra en las neuronas y las embota". Grandes verdades, desde mi punto de vista.
El deseo tiene tanto poder... Que sin él no existe el amor.

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